
En efecto, el resfrío es la infección respiratoria más común. Su origen por lo general es viral, asociado con factores tales como: la exposición al frío, la humedad, el polvo, el cigarrillo o el contacto con animales.
Los virus del resfrío se transmiten por contacto directo, es decir que donde hay un niño resfriado siempre habrá otro. Y es que desde que un niño se pone en contacto con alguien resfriado hasta que desarrolla los primeros síntomas suelen pasar de 1 a 3 días, lo que se conoce como el periodo de incubación.
Los síntomas duran aproximadamente una semana. Estos son:
- Decaimiento.
- Fiebre.
- Falta de apetito.
- Sueño intranquilo.
- Estornudos.
- Tos.
- A veces, cambios en el ritmo, color y/o presencia de mucosidad en las evacuaciones intestinales.
- Ruido nasal y
- Secreción nasal (al principio clara cambiando en los días a verdosa).
Un resfrío que se complica
Lo que para nosotros es un simple resfrío puede convertirse en un problema con serias complicaciones para un bebé. Esto puede deberse a que sus vías respiratorias son más pequeñas y sensibles a los procesos inflamatorios, a que no puede botar fácilmente las secreciones o también a un mal uso de antibióticos.
Y es que a veces, el proceso inflamatorio compromete otras áreas de las vías respiratorias, ocasionando otitis, sinusitis, bronquitis obstructivas, o se puede complicar con una infección bacteriana e incluso desencadenar fenómenos alérgicos.
El resfrío no tiene cura…
Solo trata de aliviar las molestias dándole mucho líquido, comidas ligeras, suero fisiológico y limpiando sus fosas nasales con aspirador de secreciones para que respire mejor. Trata de que su habitación tenga la temperatura y humedad adecuadas.
Es discutible el uso de antigripales, jarabes para la tos o broncodilatadores. No uses antibióticos. Y solo usa antitérmicos, de acuerdo a la necesidad y bajo prescripción médica. |